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martes, 4 de febrero de 2014

OPINION SOBRE INFORME DEL INACIF RESTOS CAAMAÑO

Nota importante: El autor es médico especialista en Medicina Interna, Medicina Pulmonar y Cuidado Crítico, previo investigador clínico asociado al departamento de Microbiología de la escuela de Medicina de Ponce, Puerto Rico, en las áreas de biología molecular y análisis de ADN. Ha realizado más de 18 mil pruebas de ADN a lo largo de su carrera.
Por George F Torres,  MD
“…borra de un solo golpe y plumazo todos los elementos que hasta ese momento se habían considerado validos con respecto a la procedencia de estos restos, basados en “conclusiones” que luego de leer el informe mismo solo puedo catalogar de poco veraces, absurdas y contradictorias”.
Florida, Estados Unidos.- El día 16 de Febrero de 1973 fue asesinado en las montañas dominicanas el Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó, quien solo 14 días antes había desembarcado comandando un grupo guerrillero que había decidido enfrentar con las armas al gobierno del Dr. Joaquín Balaguer.
Los testimonios hasta ahora obtenidos de los participantes en aquella gesta Histórica dan cuenta de que Caamaño fue capturado con vida y posteriormente fusilado. Existiendo ordenes previas de que su cuerpo fuera destruido, el mismo fue sometido a temperaturas extremas en una pira improvisada para tales fines y sometido a su vez a la acción térmica de varios combustibles fósiles y químicos por varias horas, siendo su cuerpo parcialmente destruido y desmembrado con la consecuente desaparición de la mayoría de las piezas óseas, procediéndose con posterioridad al enterramiento de las mismas junto a los restos de dos de sus compañeros muertos el mismo día.
En el año 1987 luego de incesantes esfuerzos, y con la cooperación bajo promesa de recompensa económica a detectives privados y miembros separados y/o activos de las Fuerzas Armadas, en una zona altamente militarizada se encontraron unos restos óseos en el Valle de las Lechuguillas, San José de Ocoa, mismo lugar donde había sido asesinado catorce años antes el Coronel Caamaño. Luego de obtener la autorización del presidente de la República, Joaquín Balaguer, y su Ministro de las Fuerzas Armadas, Antonio Imbert Barreras, se autorizó a un grupo de los mejores antropólogos del país a realizar un levantamiento de los mismos bajo la atenta mirada de familiares, periodistas, militares y particulares que allí se reunieron.
De acuerdo a la descripción ofrecida por el principal investigador de este caso, se había expuesto un fémur humano sin que la geografía circundante a la misma área fuese alterada en lo más mínimo. En una brillante exposición de la localización, ubicación, estado de los restos y procedimientos seguidos para su  excavación se hizo referencia a un cuerpo incompleto, desmembrado, quemado bajo la acción del fuego, al cual le faltaban la mayoría de sus piezas óseas incluyendo la cabeza, las manos y los pies, y colocado en posición atípica en medio del terreno circundante. Es importante señalar que a escasa distancia de este cadáver incompleto y mutilado se encontraron dos esqueletos completos pertenecientes a dos seres humanos más.
En relación a los  medios utilizados para desenterrar estos restos humanos, en aquel lugar no se trataron los mismos como el área de un crimen, sino como un levantamiento arqueológico. Por ende no se establecieron las medidas de precaución que hoy se aconsejan para evitar la contaminación de estas áreas y proceder a una identificación no adulterada y propicia de los restos a ser analizados. Es de conocimiento público que para este levantamiento no se cubrió el medio ambiente, no se utilizaron ni siquiera guantes y/o mascarillas y que los mismos fueron manipulados por más de veinte o treinta personas, incluyendo su traslado a casas de particulares antes de ser llevados a su destino final en la Avenida Máximo Gómez, en una de las manifestaciones populares más grandes que hayan ocurrido en la República Dominicana.
El estudio antropológico realizado en 1987 es, sin embargo, nada menos que brillante. Se ofrecen en el mismo los detalles anatómicos de los huesos en estudio; se hace referencia a los materiales encontrados en los huesos y a su definitiva exposición a altas temperaturas y al efecto del trauma. Se utilizaron medidas antropométricas exactas, avaladas por estudios radiográficos precisos y se llego a la conclusión acertada, desde el punto de vista científico, de que estos restos eran enteramente compatibles con quien en vida se llamo Francisco Alberto Caamaño Deñó. Sumado a la prueba antropológica, a la evidencia testimonial y a las características así descritas se hizo obvio que estos restos humanos correspondían a los del Comandante asesinado.
En el año 2013 el Congreso de la Republica, máximo organismo del poder Legislativo, promulgo una ley para el Traslado de estos restos óseos, desde su lugar de descanso en la Avenida Máximo Gómez hasta el Panteón de la Patria, donde reposan los Héroes de la República. Luego de la Promulgación de la Ley 4-13 por la Máxima Autoridad Política, el Presidente de la República, Danilo Medina, se crea una comisión para organizar el traslado de los restos hasta el Panteón Nacional, cuyo objetivo no era otro que facilitar los medios para que esta actividad fuera posible.
Es entonces cuando, atribuyéndose facultades que no le correspondían ni le corresponden y violando la disposición de una Ley, el Ministro de Cultura accede a presiones de particulares y decide realizar pruebas de ADN a los restos encontrados hacia ya 27 años. Es en este momento en el cual soy requerido por el presidente de la Fundación Caamaño, Claudio Caamaño Grullon,  para ofrecer mi opinión en el mismo sentido, como miembro de la Fundación Caamaño y su representante en los EEUU de Norteamérica.
Luego de estudiar detenidamente este caso, y comunicándome a su vez tanto con miembros de las familias Caamaño Vélez, Caamaño Acevedo y Caamaño Deñó para ofrecer mis perspectivas sobre este caso en particular, con la experiencia de haber participado de manera directa o indirecta en la obtención, el procesamiento y análisis de más de 18,000 muestras de ADN en mi carrera profesional, envié varias declaraciones juradas en donde rechazaba la factibilidad de obtener una muestra fidedigna, debido a varios factores que ya han sido mencionados en otras comunicaciones y que todos ellos recibieron de manera directa de mi parte. Recomendé a la referida Comisión la no realización de esas pruebas, precisamente conociendo la posibilidad real de un resultado negativo o pobremente específico y erróneo, tal como efectivamente ha sucedido y por el cual se pretende llevarle al pueblo dominicano la noción de que estos restos no son auténticos.
Es menester señalar que para mi sorpresa, y de nuevo obviando todos los protocolos establecidos para el trato de estos restos como evidencia de un crimen, se realizó una nueva exhumación en presencia de periodistas, familiares y particulares, esta vez en el Cementerio de la Avenida Máximo Gómez. Una vez más, el área no fue sellada al ambiente. La urna conteniendo los restos descritos fue abierta al medio ambiente y al público allí presente, que constaba de decenas de personas. Luego de realizar este show mediático los restos fueron transportados bajo prácticamente ninguna custodia al centro INACIF en la ciudad de Santo Domingo.
Luego de varios meses sin ofrecer ningún tipo de información pública, y sólo luego de la orden expresa de un tribunal (el Superior Administrativo), el INACIF sorprende a la Nación Dominicana, para alegría expresa de unos pocos, y emite un reporte que borra de un solo golpe y plumazo todos los elementos que hasta ese momento se habían considerado validos con respecto a la procedencia de estos restos, basados en “conclusiones” que luego de leer el informe mismo solo puedo catalogar de poco veraces, absurdas y contradictorias.
La comparación entre el estudio antropológico de 1987, el cual ni siquiera es mencionado en el reporte actual de INACIF, y este último reporte es diametralmente opuesta, tanto en la forma, el contenido, la precisión y la calidad científica de los mismos. Se llegan a cometer errores garrafales que hemos (para no utilizar otros términos) catalogado de graves y penosos. Para nada se tomó en cuenta el estudio previo, ni sus datos, ni su contenido, ni sus resultados.  Se partió desde un principio con un desconocimiento total de la forma en que fueron hallados, manejados, manipulados y estudiados estos restos en el pasado. El informe del INACIF se llega a contradecir en sí mismo en más de una ocasión, con descripciones de huesos “completos en más de un 95%” con “huesos incompletos, fragmentos y extremos proximales de los mismos”. Afirma todavía más el investigador principal diciendo que estos restos están “completos tal como ocurrió al momento de la muerte”, sin mencionar cual fue ese momento, ni sugerir siquiera una causa probable para la misma.
Describe el INACIF en estos “huesos completos” la friolera de 66 piezas óseas, no concluyendo que a estos restos humanos por ende le faltan 160 piezas óseas. Por sus análisis contradictorios, adulterados y marcadamente erróneos, llegan y le transmiten a la población que allí había más de un individuo y más de un sexo en las referencias suministradas.
El peor de los errores, y el mas craso, sin embrago ocurre cuando se realiza un estudio de ADN no tomando en cuenta variable alguna que no fuese demostrar una familiaridad entre las muestras en cuestión y algunos miembros de la familia Caamaño, y no entender las variables científicas y epidemiológicas de sensitividad y especificidad de una prueba cualquiera para dar a conocer sus disparatados resultados. Es decir, el hecho de que aparezca, tal como apareció un “ADN” en estos restos y no aparezca el mismo “ADN” en los demás familiares no se puede interpretar tal como erróneamente se interpreto, es decir, probando que esos restos no pertenecían al padre biológico o hermano de esos miembros, sino que esos miembros no estuvieron en contacto con la muestra analizada en cuestión, siendo esta la principal diferencia entre un estudio diseñado para ofrecer resultados validos y uno que buscaba de antemano señalar la negatividad misma.
La pregunta que debió hacerse y no se hizo el INACIF era de quien era el ADN encontrado en los restos. De cuál de las 20 o 30 personas que manipularon esos restos en 1987. De cuál de los técnicos que efectuaron la prueba. De cuál de las decenas de personas que estaban allí presentes cuando de manera desordenada se abrió la urna al medio ambiente, cuando es de ellos muy bien sabido que una sola partícula de saliva, sudor, contaminación de varios orígenes, podía adulterar el resultado de la muestra misma. Todo lo anterior sin medir las consecuencias de su error para la Historia y la Nación Dominicana.

Ese, y no otro, es el peor de los pecados de este reporte improcedente, anormal, incongruente e injusto, que de manera obvia se asocia a los peores intereses que gravitan sobre la República Dominicana, y por lo que jamás debió ni debe ser aceptado como válido por el pueblo dominicano. Es por lo mismo que nos reafirmamos en nuestra posición de que los restos del Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó deben ser llevados sin más dilaciones y sin más violaciones de los poderes del Estado a su lugar definitivo en el Panteón de Los Héroes de La Patria.

lunes, 3 de febrero de 2014

¿Por qué darle cumplimiento a la Sentencia que ordena el traslado de los restos de Caamaño al Panteón de la Patria?

Por Eugenia Rosario Gómez

Eugania Rosario Gomez,
Abogada, ciclista, Presidenta
de la Fundación Rondado
Por Mi País
Los seres humanos vivimos apoyados en los rituales, de hecho, estos marcan de manera contundente toda nuestra existencia: las fiestas patrias, los  bautizos, las bodas, los cumpleaños, los aniversarios, tanto para nosotros como para el resto de los mortales. Hay hechos y personas que cambian la historia, que hacen realidad lo que hasta ese momento era un sueño, personas que han hecho de sus ideales su propósito de vida, seres que han sido capaces de dejarlo todo por aquello que consideran verdadero.
Hace ya 41 años que un grupo de hombres armados, sobre todo armados por dentro de libertad y patriotismo, iniciaron una lucha que aún dura hasta hoy: la lucha por la democracia y la soberanía dominicana. Se ha convertido en un ritual para su generación que a su vez trata de dejarle a su descendencia estos recuerdos. Es difícil, por no decir imposible, dejar un legado sin la correspondiente carga de rituales que lleva consigo esta herencia de hermandad y dominicanidad.
Francisco Alberto Caamaño fue asesinado, mutilado y enterrado junto a otros guerrilleros; con el paso de los años fue desenterrado, manipulado, analizado, vuelto a enterrar, a desenterrar, a manipular y a examinar, con todas las consecuencias que ello implica. Años de lucha, de enseñanza, de consciencia ciudadana, de conservar los valores por los cuales estamos libres hoy aquí hicieron que el gobierno dominicano a través de una ley honrara como es debido uno de los más grandes héroes que ha parido la República Dominicana en el siglo XX.
Cuarenta y un años después no se trata de determinar si son o no los restos, se trata de honrar la memoria de uno de los hombres más grandes que hemos tenido el orgullo y el honor de dejar en los anales de nuestra historia, se trata de crear las condiciones para que el ritual de honrarlo sobreviva a los que hoy siguen su ejemplo y su lucha, se trata de sentar un precedente, de que las nuevas generaciones tengan un lugar donde honrar la memoria de nuestra propia historia, de nuestra propia verdad.
Caamaño en si mismo habita en los corazones de quienes lo conocieron, de quiénes conocieron su vida y su ejemplo. Caamaño vive en el aire dominicano, en la tierra que nos acoge, en el mar que nos rodea. Los restos de Francisco Alberto sobrevuelan las montañas de la Cordillera Central, de la Septentrional y de Oriental; sus restos caen con el rocío de la Sierra de Bahoruco, de la de Neyba, ondea a la par con todas las banderas que se izan en el Valle de Constanza, de la Vega. Sus huesos caminan desde Dajabón hasta cabo engaño. Se hace necesario reunir estas cenizas que gritan desesperadamente en todos los rincones de esta media isla que debemos seguir luchando porque cada dominicano sea verdaderamente libre, libre de herencias culturales banales, libre de ocupaciones consumistas vacías, libre del capitalismo absurdo que pretende dejar más pobres a la población y más ricos a los que ya tienen dinero aunque no tengan corazón.
Debe dársele cumplimiento a la Ley para que todos los dominicanos y dominicanas podamos legalizar, al fin, uno de los rituales que constituirán el pilar del futuro de la República Dominicana, porque como todos sabemos "todo aquel que desconoce su historia, esta condenado a repetirla".

@eugeniaesther

eugeniarosariogomez@gmail.com

viernes, 3 de enero de 2014

El Poder Ejecutivo, el Imperio Norteamericano y los restos de Caamaño


Por Claudio Caamaño Grullón
Al sobrevivir a la guerrilla, sin rendirme ni entregarme, me hice la promesa de que al regresar al país buscaría los restos de mis compañeros caídos y asesinados, que habían sido sepultados en fosas escondidas bajo estricto secreto político y militar en distintos puntos de la Cordillera Central. Por más de siete años estuvimos buscando los restos de mis compañeros, en especial los restos de quien fuera nuestro líder y nuestro comandante, y en lo personal, mi mejor amigo y compañero de toda la vida, Francisco Alberto Caamaño Deñó.
Con la ayuda de detectives privados, que se infiltraron en las Fuerzas Armadas, pudimos recabar información que nos permitió localizar el lugar donde fue asesinado y posteriormente sepultado Caamaño, así como los nombres de los militares que participaron en su captura, y los militares que cumplieron la orden de su asesinato. De esta manera identificamos el militar que llevó a cabo la orden del desmembramiento, la quema, y el enterramiento de sus restos ya mutilados, quien por una fuerte suma de dinero nos narró los detalles de este horrendo proceso y nos señaló el lugar del enterramiento, donde también estaban sepultados dos de mis compañeros, Heberto Lalane José y Alfredo Pérez Vargas.
En el levantamiento de los restos estuvieron presentes, entre muchos otros, el Secretario de las Fuerzas Armadas Antonio Imbert Barreras, el Jefe de Estado Mayor del Ejército Nacional Tommy Fernández Alarcón, y el antropólogo doctor Abelardo Jiménez Lambertus, director del Museo de Historia Natural, este último se tomó más de seis horas para rescatar los pocos huesos y fragmentos de Caamaño que quedaron luego de las mutilaciones y el fuego a que fueron sometidos, y que se diferenciaban perfectamente de los otros dos restos que no habían sido quemados ni mutilados. Todo lo encontrado coincidió con la descripción que nos había dado el militar que dirigió el enterramiento. Las Fuerzas Armadas se encargaron de custodiar la tumba durante los varios días que duró el desenterramiento de los otros dos compañeros.
Ya en Santo Domingo, los restos fueron sometidos a un minucioso estudio antropológico y de laboratorio, llevado a cabo por los antropólogos forenses más importantes de República Dominicana: Abelardo Jiménez Lambertus, Renato Rimoli y Fernando Luna Calderón. Este estudio arrojo como resultado que los restos rescatados eran totalmente compatibles con las características de sexo, edad y estatura del héroe nacional Francisco Alberto Caamaño Deñó. Concluidos los estudios, los restos fueron expuestos por nueve días en la Iglesia La Paz, desde donde se trasladaron al Cementerio de la Máximo Gómez, en lo que fue el entierro más multitudinario hasta ese momento en la República Dominicana. Por más de 25 años estos restos estuvieron en este cementerio, donde cada año recibían los honores de miles de dominicanos, incluido el Congreso Nacional.
Cuando el Congreso Nacional aprobó la ley que dispone el traslado de los restos de Caamaño al Panteón de la Patria, el Poder Ejecutivo tuvo desde un principio la marcada intención de evitar esto y desacreditar la autenticidad de los restos, no solo por el gran valor histórico que poseen, sino también por el crimen de guerra que constituyen. Estos restos son una evidencia de la brutalidad del régimen de los 12 años de Balaguer y la criminalidad imperante en esas Fuerzas Armadas. Caamaño fue capturado con vida y asesinado seis horas después, su cadáver fue destazado y sometido a fuego por más de un día, llegando a desaparecer los huesos de las manos, los pies y gran parte la cabeza, la cual fue machucada; posteriormente lo que quedó fue depositado en un hoyo preparado cuidadosamente con el propósito de que nunca fueran encontrados.
Para una muestra de la intención que existe de esconder la verdad sobre la muerte de Caamaño Deñó, basta con ir al Ministerio de las Fuerzas Armadas y consultar los registros referentes a su muerte, donde aun aparece como que murió en combate. Esto a pesar de que abiertamente se conoce que Caamaño fue capturado con vida y luego asesinado, y que varios militares de los que estuvieron involucrados en su  captura y su asesinato han tratado públicamente este tema y dejado constar la verdad de este hecho.
El poder ejecutivo siempre estuvo en contra de reconocer y trasladar al Panteón de la Patria los restos de Caamaño, el Presidente de la República no se atrevió a emitir un decreto con tal disposición, como establece la ley del Panteón. Ningún Presidente dominicano se atrevió a tomar esa decisión. Fue el Congreso Nacional quien asumió ese compromiso. Por primera vez en la historia se exalta una figura al Panteón de la Patria mediante una ley y no por un decreto. Esto debido a que ningún presidente había tenido el valor de asumir ese compromiso.
Cuando la Ley 4-13 sale de la Cámara de Diputados, luego de haber sido aprobada por el Senado, establecía que la Comisión de Exaltación estaría compuesta por tres miembros de la Fundación Caamaño, un miembro del Ministerio de Obras Públicas, un miembro del Ministerio de Salud Pública y un miembro del Ministerio de la Fuerzas Armadas, pero el Poder Ejecutivo, antes de promulgarla modificó por completo la composición de esta comisión, de manera inconstitucional, con la finalidad de incidentar el traslado de los restos, como bien ha hecho dicha comisión, la cual está presidida por el Ministro de Cultura.
La modificada Comisión de Exaltación, de manera ilegal y arbitraria cuestiona el fondo de la ley, ordenando al INACIF para que realizara pruebas de ADN a los restos de Caamaño, cuando por más de dos años se había discutido este tema en ambas cámaras del Congreso, y los legisladores habían estudiado los análisis antropológicos, consultado peritos y escuchado testimonios, quedando convencidos de la autenticidad de los restos. La comisión era para cumplir la ley, no para cuestionarla. De esta manera el Ministro de Cultura subvierte el orden Constitucional al contravenir una orden del Congreso Nacional que se le daba mediante una ley.
Recientemente el Instituto Nacional de Ciencias Forenses presentó su informe respecto a los restos, un estudio que nunca debió ser hecho. De manera un tanto sospechosa presentan este informe un días después de que fue interpuesta una Acción de Amparo para que se cumpla la Ley 4-13, luego de más de 7 meses con la posesión de los restos sin dar ninguna información al respecto a pesar de nuestra insistencia. Este informe del INACIF fue sometido por la Fundación Caamaño al análisis de expertos en estos temas, quienes dieron constancia de los múltiples vicios y las graves incongruencias en dicho informe, recomendando no aceptar sus conclusiones, ni las afirmaciones en él vertidas. El informe presentado por INACIF constituye una irresponsabilidad científica y una traición a la memoria histórica del pueblo dominicano.
Como podemos ver y consta, el Poder Ejecutivo ha hecho todo cuando ha sido posible para disminuir la figura de Francisco Alberto Caamaño Deñó. Primero, no asumió la responsabilidad de emitir un decreto para hacer la exaltación, tal como establece la ley que crea el Panteón de la Patria. Segundo, modificó por completo la Comisión de Exaltación establecida por el Congreso, colocando al Ministro de Cultura, dependiente del Poder Ejecutivo, para presidirla. Tercero, a través del Ministro de Cultura incidentó el cumplimiento de la ley, negándose a acatarla. Cuarto, el INACIF, que también es una dependencia del Poder Ejecutivo, emite un informe irresponsable y lleno de vicios para desacreditar la autenticidad de los restos de Caamaño.
Sería importante saber: si el Presidente de la República Danilo Medina Sánchez, el Ministro de Cultura José Antonio Rodríguez, el Procurador General Francisco Domínguez Brito, y el Director del INACIF Francisco Gerdo, están consientes de la responsabilidad histórica que están asumiendo ante nuestro pueblo.
Tal vez muchos se pregunten a que responde todo esto; por qué tanto miedo a la figura histórica de un hombre. El coronel Caamaño además de ser el mayor símbolo de la defensa a la soberanía Nacional, el mayor símbolo de la lucha por la justicia social y la democracia en nuestra historia reciente, es el mayor símbolo de la lucha antiimperialista en el Continente Americano. La única vez en América que se ha enfrentado en armas al Imperio Mundial Norteamericano fue en la República Dominicana en 1965, con Francisco Alberto Caamaño a la cabeza. Ningún país de América se había atrevido a enfrentar el abuso del Imperio Norteamericano, mucho menos un país pequeño y escasamente armado. Aun hoy el ejemplo del pueblo dominicano, que por más de tres meses defendió a sangre y fuego su dignidad ante el abuso del mayor  imperio económico y militar que ha conocido el mundo, constituye una vergüenza para el Imperio Norteamericano, y la figura y el ejemplo del presidente Caamaño son un objetivo de su política imperial.
Hoy más que nunca, cuando los pueblos latinoamericanos comienzan a unirse en contra de la hegemonía imperial de los Estados Unidos, es intolerable para el Imperio Norteamericano que se reconozca la figura del mayor luchador antiimperialista de todo el Continente Americano. Es por esto que nuestros gobernantes, serviles y dependientes de los Estados Unidos, tratan de impedir que Caamaño reciba los honores que le corresponden.

Los enemigos de Caamaño, los enemigos de nuestro pueblo, están conspirando en contra de la memoria y de la verdad histórica. Los intereses que asesinaron a Caamaño, los intereses que descuartizaron y quemaron su cadáver, los intereses que intentaron hacer desaparecer no solo su cuerpo, sino también su ejemplo, son los mismos que hoy estamos enfrentando. El servilismo, la cobardía, la irresponsabilidad, la traición, no deben ponerse jamás por delante de los intereses de la patria.

martes, 23 de abril de 2013

Porque nos oponemos a la prueba de ADN a los restos de Caamaño


A MODO DE RESPUESTA  A DECLARACIONES DEL MINISTRO DE CULTURA
Por Claudio Antonio Caamaño Vélez

En mi condición de miembro de la Fundación Caamaño, y sobre todo, en mi condición de ciudadano de la República Dominicana, me veo en la obligación de refutar los argumentos expresados por el actual ministro de cultura, José Rodríguez, en artículo publicado por el Listín Diario, bajo el titulo “Insisten en el ADN a los restosde Caamaño”.
En el mencionado artículo dijo “no entender por qué si hay personas convencidas de que esos son los restos del líder de la Revolución de Abril del 1965, se oponen al examen de ADN solicitado por la comisión”. Así mismo expresó que “los restos están ahí, ahí están sus familiares, incluidos sus hijos, y existe la tecnología para hacer la verificación científica, de modo que no veo razón para que haya oposición a que una comisión del Estado verifique que son realmente los restos de Caamaño Deñó”
Lo cierto es que la tecnología necesaria para obtener un resultado concluyente en este caso específico aun no existe. El doctor George Torres, experto en esta materia y comisionado por la Fundación Caamaño para estudiar y analizar esta cuestión, en sus recomendaciones, en documento certificado, expresó lo siguiente: “Que según todos estos testigos presenciales y materiales de los hechos, el cuerpo del Coronel Francisco Alberto Caamaño fue sometido a mutilación traumática seguida de la quema de sus restos bajo altas temperaturas y desmembramiento de su cabeza, tronco y extremidades, los cuales fueron subsecuentemente y de acuerdo a las mismas versiones enterrados de manera desordenada y sin protección alguna, sometidos a contaminaciones materiales y ambientales en el lugar donde fueron descubiertos 14 años después por un equipo de antropólogos de renombre en la República Dominicana”. Concluyendo de la siguiente manera: “como experto en la materia que nos ocupa, he recomendado, por la inutilidad, futilidad y capacidad de error de la muestra en cuestión, la NO REALIZACIÓN de pruebas de ADN”. Cualquier prueba en este sentido invariablemente induciría a un error.
Es importante resaltar el punto donde el ministro de cultura dice: “no veo razón para que haya oposición a que una comisión del Estado verifique que son realmente los restos de Caamaño Deñó”. Es precisamente este punto en el que algunos miembros de la Comisión de Exaltación están errados, pues el Estado ya verificó este particular. El Senado y la Cámara de Diputados se sintieron lo suficientemente edificados para aprobar la Ley No. 4-13, el presidente de la República entendió validas las investigaciones y las conclusiones sobre este tema al momento de promulgarla. Con esta actitud se está asumiendo una postura que tilda de irresponsables y ligeros al Congreso y al Presidente, lo cual es muy peligroso, sobre todo viniendo de funcionarios públicos.
Lo que si sería bueno saber es ¿Cuál es la razón de la vehemencia de negar la autenticad de los restos de Caamaño, cuando ya incluso el Congreso, el Presidente y el pueblo dominicano la han avalado? ¿Por qué la Comisión de Exaltación asume roles que no les corresponden, y espera a último momento para asumir posturas incidentales e ilegales?